Comentario de Libros

Miguel Ángel de Marco, Corsarios argentinos (Buenos Aires: Emecé, 2005), 348 pp.

No hay duda que la República Argentina, ya sea bajo el nombre de Buenos Aires o Provincias Unidas, fue la nación que mejor aprovechó las oportunidades que le brindaba la guerra de corso para asegurar su independencia. Pero la actividad corsaria no terminó allí, continuó durante la guerra contra el imperio brasileño. Empezando por el bravo Guillermo Brown y terminando con las hazañas del joven Jorge de Kay, el autor nos lleva por el interesante relato no sólo de los corsarios sino prácticamente de la naciente Armada de la República. Esta extensión del relato está plenamente justificada cuando a través de la narración de De Marco comprendemos que las actividades corsarias eran casi inseparables de las de una marina del Estado. Una y otra vez aprendemos que el gobierno de Buenos Aires daba títulos y grados navales a los comandantes corsarios. Sin ir más allá, el propio Brown, que alcanzaría el grado de almirante, actuó en varias ocasiones como comandante corsario.

El trabajo está bien documentado y su edición cuidadosamente preparada. Las viñetas de la vida marinera de la época añaden un entretenido elemento al volumen. Desde California, no nos sorprende que el autor lamente la fama de corsario que por estas tierras tiene Bouchard, pero de haber investigado un poco habría podido comprobar la documentación que demuestra que Bouchard actuó en California con su patente vencida y que cometió en su crucero fechorías que pudieron haberlo llevado a la horca en Inglaterra.

Si bien al lector le gustaría entrar en más detalles de las acciones navales, es necesario comprender que el autor ha concentrado en un volumen actividades navales que dan para una historia del corso en la Independencia de varios tomos.